Musas malintencionadas

A veces la musa se escapa por completo de nuestro control, sin previo aviso, y nos deja sufriendo su ausencia. Bien sea que sean como yo e intentamos amarrarla, atornillarla, esposarla, o incluso reemplazarla con otras que tenemos guardadas en nuestro calabozo; o que esperen pacíficamente a que vuelva, su partida siempre deja un vacío imposible de llenar. Y pueden pasar días, semanas e incluso meses antes de que nos la topemos de nuevo; pero cuando lo hacemos, la sensación es indescriptible.

Eso me acaba de ocurrir. Que locura, ¿no?

Siempre pasa en el momento menos esperado, eso se los puedo asegurar; incluso podría atreverme a decir que en el menos indicado. El mismo día en que finaliza la recepción de historias del concurso en el que muero profundamente por entrar, para el que había dejado abandonada una historia con 1850 palabras a pesar de tener pensadas 7000 para ella; al levantarme, recibí una paliza. Allí estaba ella, la musa, vaciando un embudo de información en mi cerebro, agitándome para que me despertara, gritándome que aun quedaba tiempo.

¿Y yo qué hice? Lo que probablemente hacemos todos los que nos sentimos abrumados al querer hacer muchas cosas al mismo tiempo: nada.

Es normal quedarse estupefacto en este tipo de situaciones, pero no es lo más recomendable. Hoy me voy con un consejo, porque sé que quizás ayude a alguien: siempre que quieran hacer algo háganlo, antes de que sea demasiado tarde.

este Es normalE

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