Caídos

De ahora en adelante colocaré cada semana un trocito de mis trabajos como escritora. Pueden ser relatos o fragmentos de algunas de mis historias mas largas, algo que haga que me conozcan más allá de los artículos que escribo.

Esta semana es el turno de Caídos, la segunda entrega de Inmovynnïs; historia bastante peculiar, puesto que se desarrolla al mismo momento que la de Caos.
Aún no está terminada, pero si gustan leerla como va pueden hacer click aquí

Caidos

Capítulo I
Gotas

Era de madrugada, lo sé porque generalmente me despertaba temprano y cuando sucedió yo seguía durmiendo. Siempre he tenido el sueño bastante ligero, al contrario de mi hermano, por lo que no intenté despertarlo y salí de nuestra pequeña habitación a ver qué causaba los golpes que venía escuchando desde hacía varios minutos. Vivíamos en una cabaña de madera hueca, por lo que incluso el sonido de una gotera retumbada por toda la casa, eso supuse que era en un principio, la gotera en el techo de la cocina que de nuevo no me dejaba dormir en paz. No teníamos mucho dinero, así que no podíamos permitirnos el lujo de mandarla a reparar, mucho menos después de que mi papá nos dejara sin saber por qué, aunque yo siempre sospeché que era porque le tenía miedo a mamá.

Mientras avanzaba a tientas hacia la cocina para buscar la lámpara de gas, incapaz de ver nada por la inmensa oscuridad que reinaba siempre en nuestra cabañita medio destruida con apenas una ventana en la sala pensaba en las razones por las que mi papá podría haberle temido a mi mamá. Sabía que ella era una persona fuerte y firme en lo que quería, también que era increíblemente hermosa, con su cabello naranja rojizo que heredamos mi hermano y yo y sus ojos azul cielo, por eso papá se enamoró de ella. Pero cada vez se fue apartando más, Edmund pensaba que yo no me daba cuenta porque estaba muy pequeña pero siempre he sido muy inteligente y madura para mi edad en esos aspectos. Él la miraba con miedo, como si ocultara algo, como si supiera algo de su pasado, no por eso la amaba menos, de hecho creo que nunca la dejó de amar, ni siquiera cuando una noche se fue sin dejar rastro.

Llegué a la cocina y me tropecé con algo que había tirado en el suelo, me agaché temerosa de hacerme daño de nuevo, se sentía como vidrio roto, estaba segura de que me había cortado el pie, más adelante había un pozo de agua, qué extraño que un florero se hubiera caído cuando en esa casa no habían corrientes de aire. Me arrodillé intentando clavarme la menor cantidad de vidrios posible en las rodillas y busqué a tientas el asa para abrir el cajón en donde guardábamos la lámpara, la tomé y la encendí cerrando mis ojos para protegerlos de la luz débil que emitía, se estaba quedando sin combustible, al igual que nuestra familia, casi no teníamos fuerzas para subsistir.

Me puse de pie y comprobé mis sospechas de que tenía pequeñas marcas de cortadas en las rodillas y en la planta de los pies, intenté caminar sin quejarme por miedo a despertar a mamá y me subí a una silla para comprobar la gotera del techo, el sonido era más estridente que nunca. Pero la gotera estaba bien, la  habíamos arreglado hacía una semana con un tapón y aún no se había salido, miré alrededor y me extrañé al comprobar que el ruido no provenía de allí. Fue entonces cuando caminé hacia el extremo opuesto de la cabaña para preguntarle a mi mamá si sabía de donde provenía ese sonido que para mí era tan estridente.

Primero toqué la puerta, como era costumbre, no quería molestarla y hacer que se enfadara aunque normalmente era muy paciente con nosotros. Después de varios intentos entreabrí la puerta con temor a asustarla, la cama estaba fuera de mi rango de visión en ese momento y por eso no vi de inmediato lo que había sucedido. Me acerqué primero a su cómoda y comencé a buscar fósforos para encender las velas que tenía allí y poder utilizar su luz para alumbrarme, me preocupaba gastar el poco combustible que teníamos para la lámpara por no ser precavida. Sólo cuando hube encendido las cuatro velas fue que alcé la mirada para ver a través del espejo cómo dormía, siempre me había dado pena despertarla, pero sentía que esa vez era necesario, la verdad era que había sentido un poco de miedo desde que me había levantado de la cama.

No me hizo falta preguntarle de dónde venía el sonido, yo misma pude verlo con mis propios ojos, mi oído fino siempre me había permitido reconocer fácilmente las fuentes de ese tipo de ruidos y no me había equivocado, lo que me había molestado en un principio habían sido gotas cayendo rítmicamente en el suelo de madera que hacían vibrar toda la casa. Pero sí me había equivocado en un par de cosas sin duda muy importantes relacionadas con ello, la primera era la fuente de las gotas, ya que no era una gotera en el techo de la cocina, y la segunda era aún peor, mientras yo había pensado inocentemente que era agua lo que caía incesantemente, en realidad se trataba de sangre.

Mi primera reacción al encontrar a mamá muerta en su cama fue gritar con todas mis fuerzas, el grito retumbó en mi cabeza pero jamás pasó de mi garganta. Me daba miedo acercarme a ella, su cabello seguía siendo rojo pero ahora estaba empapado de la sangre que salía de sus ojos, su cabeza yacía tumbada en el borde de la cama y por eso el líquido goteaba por su frente, no vi más heridas, aunque tampoco quería encontrarlas. Me quedé allí de pie por un buen rato, respirando con fuerza, llorando en silencio porque era incapaz de emitir ningún sonido.
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